En
su origen histórico, el Capoerista tuvo que elaborar diversas maneras
de organización para liberarse de las opresiones, ya que los africanos
estaban reprimidos por el flagelo de la esclavitud. El Capoerista tuvo que elaborar la Mandinga,
o estrategias para llevar a cabo sus
objetivos. Desarrolló nuevas habilidades cognitivas y originales formas de organización social y atrevidas maneras de
actuar en la sociedad.
La Mandinga, adquirida
como un estilo de vida, le hizo sentir la realidad
intensa, ya que para vivir, tenía que ir
en contra de los injustos estatutos legales y sociales, que lo relegaban
al más bajo escalafón social. Después de su liberación,
decretada por ley en el año 1888, la mandinga tuvo que mantenerse
fuertemente arraigada, ya que la sociedad los discriminaba por su origen africano.
Uno de los tenaces
efectos de la discriminación, es que se enfoca en un hecho ineludible de
la persona. La discriminación se provoca por una condición del ser, que no puede escapar ni ocultar, ya que es un elemento
constitutivo de su identidad. Ante este escenario invalidante, la
mandinga se afianzó en el inconsciente de los descendientes africanos como un estilo
de vida, como la única manera de realizar sus anhelos y
satisfacción.
Mandinga también significa
Diablo, a simple vista puede ser visto como que portaban el Diablo, pero
en un nivel más complejo de análisis, el Diablo mora en las
profundidades más oscuras del inconsciente, y representa a un fuerte
impulsor de la creatividad existencial y una gran herramienta en la
solución de problemas, aparentemente insolubles.
Después del
desarrollo de la Capoeira, como una forma determinada de resistencia
social y de lucha, la mandinga se fue injertando en las venas de la
Capoeira, dándole su identidad básica, como una lucha disfrazada de
danza, que busca la libertad. La lucha se disfrazó de
danza, ya que la Capoeira fue prohibida, producto de una política de
represión, que impedía que los negros elaboraran formas de resistencia.
El gobierno de la época realizó tales castigos, para impedir que la gran
masa de la población se revelara en contra de ellos. Masa que se
encontraba sumida en la miseria, en el abandono, en la explotación, en
la discriminación y despojada de sus derechos esenciales.
Si
realizamos una observación desde afuera de la roda (ritual de la
Capoeira, donde se canta, tocan instrumentos y se despliega el juego de
la lucha), podríamos decir que la mandinga se encarna en los
practicantes de la Capoeira, y que estos cuentan con una habilidad
extra, como una habilidad cognitiva y práctica de logro de objetivos.
Casi
de manera inconsciente, los capoeristas saben que para ser libres deben
elaborar estrategias concretas que les permitan cambiar el entorno a su
favor. Quienes han leído el Arte de la Guerra, saben de lo que
hablo. Una de las frases más célebres de ese libro es que es posible
ganar sin luchar, es decir que es posible elaborar estrategias de juego
en la que el adversario entra, sin saber que es una trampa. Se puede
vencer sin grandes esfuerzos físicos, ni golpes contundentes, ni lucha
cuerpo a cuerpo, sino que se puede vencer atrayendo al oponente,
engañándolo hasta que cae “casi” solo.



